La historia del jardín

Cuando llegamos, el jardín consistía básicamente en un gran césped que rodeaba un grupo de abedules, una magnolia grandiflora y algunas plantas ornamentales, todo ello flanqueado a ambos lados por setos compactos formados a lo largo de los años por arbustos y plantas que habían brotado espontáneamente (muchos laureles de salsa, cotonasteres…). Acababan de plantarse allí dos árboles frutales jóvenes (una higuera y un peral enano).

En lugar de tomarnos el tiempo necesario para determinar las características del terreno (orientación, vientos dominantes, desnivel…) y dedicarnos a la tarea de «diseñar», nos apresuramos a seleccionar las plantas que queríamos conservar y a plantar nuestros primeros árboles. Sin embargo, esta etapa nos habría permitido ahorrarnos trabajos posteriores muy laboriosos, en particular la construcción de terrazas, que el desnivel hacía posible, una vez que la mayor parte de nuestras plantaciones ya se habían realizado…

Nuestro jardín, de 550 m², que antes se dedicaba al cultivo de hortalizas, está orientado al noreste, y la parte más soleada se encuentra al fondo de la parcela. Tiene una ligera pendiente y el suelo es fértil (hasta 30 cm de tierra fértil sobre una capa más arcillosa).

Nuestro primer impulso fue desmontar la idea de un huerto al fondo del jardín que reservara la parte cercana a la casa para los parterres de flores. Queríamos mezclar plantas productivas y plantas ornamentales. En 2022, lo más cerca posible de nuestra terraza, construimos montículos en semicírculos. Tras cuatro años de experimentación, debido a las limitaciones de exposición y mantenimiento, decidimos trasladar el huerto a la parcela alta, incorporando la posibilidad de instalar una malla de sombreo durante los periodos de ola de calor.

Junto a un cerezo de campo, plantamos varios árboles frutales de pequeño tamaño o en espaldera, con el fin de preservar la exposición al sol, poder aplicar más fácilmente técnicas de lucha biológica y hacer frente a la presencia de la mosca del cerezo (Drosophila suzukii).

También hemos querido fomentar la biodiversidad dando prioridad a las plantas melíferas, manteniendo un espacio de almacenamiento de madera muerta y creando un estanque (en 2020) y muretes de piedra seca (en 2025). Al final, lo más difícil resulta ser conservar una parcela de tierra pobre que favorezca el establecimiento de plantas pioneras.

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